De aquellas páginas lacrimosas, donde siempre hay niños que sufren y criminales voluptuosidades de dolor; donde un chico no puede arrojar una bola de nieve sin que, precisamente, le estrelle los lentes a un anciano y lo deje ciego, conservamos, para toda la vida, un recuerdo casi ensangrentado... El niño travieso, de Mark Twain, entra en la despensa, en la oscuridad de la noche y, a tientas, junto al frasco de veneno encuentra siempre el de mermelada. En Amicis asistimos, invariablemente, al envenenamiento del niño que quiso probar la mermelada.
Alfonso Reyes, "El cine: la educación sentimental", en Obras completas, t. IV.
jueves, 17 de noviembre de 2011
El veneno y la mermelada
Publicado por
Irving Reynoso
en
15:01
Etiquetas: Alfonso Reyes, Citas, El cine: la educación sentimental, El veneno y la mermelada, Ensayo
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