jueves, 17 de noviembre de 2011

El veneno y la mermelada

De aquellas páginas lacrimosas, donde siempre hay niños que sufren y criminales voluptuosidades de dolor; donde un chico no puede arrojar una bola de nieve sin que, precisamente, le estrelle los lentes a un anciano y lo deje ciego, conservamos, para toda la vida, un recuerdo casi ensangrentado... El niño travieso, de Mark Twain, entra en la despensa, en la oscuridad de la noche y, a tientas, junto al frasco de veneno encuentra siempre el de mermelada. En Amicis asistimos, invariablemente, al envenenamiento del niño que quiso probar la mermelada.

Alfonso Reyes, "El cine: la educación sentimental", en Obras completas, t. IV.

0 comentarios:

Publicar un comentario